Junté yo buenas manzanas
con otras ya enmohecidas.
No mejoré las podridas
y pudriéronse las sanas.
A mi padre siempre le han gustado las fábulas y siempre tiene algún trocito para decir en el momento adecuado. Por eso, algunos fragmentos, refranes o coletillas son todo un clásico en casa (creo que ya escribí otro por aquí).
Pues bien, esto es justamente lo que ha pasado en mi clase.
Cuando cogí a mi curso en 2º, había dos regalitos (repetidores se llaman oficialmente) que se unían al curso. A uno de ellos ya lo conocéis (Barsinson lo llamo por aquí), que se dedicó a darme el curso. Cuando parecía que lo estaba metiendo en vereda, llegamos a 3º donde se nos unió otro regalito, que se dedicó a darme el curso junto a regalito número uno. Total, que cuando llegamos a 4º y se nos unió otro regalito, la cosa ya estaba muy malita (y eso que este último regalito no se ha dedicado a darme el curso, sino a trabajar, estudiar y sacar de las mejores notas de clase, que es como debe ser).
Y uno piensa ¿pero tanto pueden influir dos o tres niños en toda una clase? Rotundamente sí.
De hecho, los tres cursos que llevo con ellos me están pasando factura y yo también me estoy contagiando. Tal es así, que la otra tarde me llamaron la atención dos veces en el Claustro. Yo me excusé recitando la estrofa del principio y, aparte de amenizar la tarde, los dejé con la boca abierta y me pidieron que, por favor, lo repitiera.
Después de aquello me comporté como debe ser, y sólo me dediqué a molestar por lo bajini a mi compi, que está sufriendo un proceso parecido al mío y estamos todo el día picándonos.
Lo dicho, todo se pega.















