He
hablado de mi Barsinson tantas veces por aquí, que llevo varias horas buscando
en el blog las entradas en las que lo menciono. Ahora que me he despedido de él
porque ya deja el colegio, se merece esta entrada.:)
He
hablado de mi Barsinson tantas veces por aquí, que llevo varias horas buscando
en el blog las entradas en las que lo menciono. Ahora que me he despedido de él
porque ya deja el colegio, se merece esta entrada.
Hace un par de semanas me terminé “Inferno” de Dan Brown.
Apenas me duró uno semana. Me iba unos días a la playa con mis amigos y no
quería llevarme el tocho. Eso y la trama, por supuesto, aceleraron la lectura.
Me quedé un poco pillá, porque la verdad es que te hace pensar, pero los
magníficos cinco días que pasé con mis amigos, me hicieron desconectar de todo.
Total, que cuando salgo del cine mi dire me ha estado
llamando. No conseguimos ponernos de acuerdo y al final me va a tocar cambiarlo
todo y me paso la noche sin pegar ojo, pensando en horarios, en zombies, en
virus y en rastrevíspulas (es que ahora estoy leyendo “Los Juegos del Hambre”,
vi la peli un día de estos, y me piqué).
Hace doce años empecé, oficialmente, mi trabajo como maestra.
Los comienzos ya los conté, así que, como de costumbre, me centraré en lo nuevo.
Llevo ya cuatro cursos en Siberia y este curso tengo 76 alumnos (que, comparados con los doscientos y pico que he tenido en otras ocasiones, son pocos) desde infantil hasta tercero de primaria a los que doy Inglés (este año he perdido dos horitas con cuarto), y sí, sigo llamándolos a todos por su nombre, aunque de vez en cuando llamo a E cuando quiero llamar a N y viceversa (a Alejandro ya no lo confundo más, como comenté el año pasado, la canción de Lady Gaga ha sido mi salvadora, a ver si encuentro otra solución para no marear más a las otras dos niñas…)
Además soy la tutora de 12 de ellos. La verdad es que es un lujazo trabajar con una ratio tan reducida, sin duda una de las razones por las que pienso quedarme muchos añitos en mi cole: MIS NIÑOS.
Este año me libré de mi condena (aunque no los pierdo de vista, para una maestra sus niños siempre serán sus niños) y parece que estoy un poquito más relajada, pero no del todo. La verdad es que estoy bastante contenta con mis niños, pero es que parece que todos los regalitos me tienen que caer a mí (mi regalito de este año me irrita y me divierte a partes iguales…)
Cada año disfruto más con los peques de infantil. Los de tres años me tienen loquita y, lo que me derrite “del to”, es cuando vienen a buscarme en los recreos para decirme “Hello!” o darme un besillo. O como vienen todos a abrazarme cada vez que entro en la clase. Bueno, esto no sólo lo hacen los peques, también lo hacen los de 1º, 2º y los de mi tutoría. Son los grandes privilegios de esta profesión y lo que hace que se te olviden los malos ratos.
La agenda del móvil sigue creciendo e, inevitablemente, sigo despidiendo año tras año a compañeros estupendos.
Sigo teniendo menos voz, menos paciencia (creo que, al igual que mi voz, ya no la recuperaré del todo) y más dolores de espalda (los de cabeza han menguado, menos mal). Sigo con mi recorrido diario de media horita hasta Siberia en compañía de mi Godric y sigo teniendo una entrada pendiente con este tema.
Y, como no, sigo teniendo mucho que aprender y disfrutar con mis niños siberianos.
;-)
Posdata: Y sigo cobrando prácticamente lo mismo que hace doce años…
